En el intrincado juego político de Sinaloa, todos conocemos a los gallos que buscan la gubernatura, especialmente dentro de las filas de Morena. En este escenario, se dibujan dos grupos bien definidos: uno alineado con el partido nacional y otro que responde al “rochisimo”, nombre que se ha acuñado para describir la influencia del actual gobernador, Rubén Rocha Moya.
Por un lado, queda claro quién es el candidato preferido por la dirigencia nacional de Morena: la senadora Imelda Castro. Su trayectoria y cercanía con el movimiento le otorgan una ventaja significativa, pero no podemos pasar por alto la pregunta que ronda en el ambiente político: ¿quién será el candidato de Rocha? Muchos miran hacia el senador Inzunza, pero su historial plantea más dudas que certezas. Por otro lado, el nombre de Feliciano Castro, quien ha hecho pedazos la limitada política que se permite en la Secretaría General de Gobierno, no merece ni ser mencionado en un análisis serio.
Sin embargo, el que ha comenzado a emerger, aunque sorprendentemente silencioso, es Juan de Dios Gámez Mendivil, el alcalde de Culiacán. En medio de la crisis que ha envuelto a la capital durante casi siete meses, ha logrado mantener un perfil bajo y, a la vez, ha sabido sobrellevar la situación de manera más efectiva de lo que muchos esperaban. Aunque es criticado por su estilo, su capacidad para adaptarse y su presencia en diversos eventos empiezan a marcar una diferencia en su imagen pública.
A medida que avanza el tiempo, se hace evidente que Gámez Mendivil podría convertirse en la mejor opción para Rubén Rocha Moya para encabezar la candidatura a la gubernatura. La política es un arte de percepción y, aunque la estrategia de ocultarse puede parecer arriesgada, parece que está funcionando. Su habilidad para navegar en un ambiente tan complejo lo posiciona como un contendiente viable.
No podemos dejar de lado a Gerardo Vargas Landeros, quien también está en la mezcla. Con su propia serie de problemáticas, se presenta como un candidato potencial, ya sea por Morena, el Verde o incluso una coalición. Su nombre resuena en los pasillos del poder, y su experiencia podría jugar a su favor en un momento donde los votantes demandan estabilidad y liderazgo.
En conclusión, los nombres que empiezan a encabezar esta contienda son limitados, pero significativos. Juan de Dios Gámez Mendivil y Gerardo Vargas Landeros son dos figuras que están tomando protagonismo en un escenario donde los gallos y los tapados se pelean por la oportunidad de gobernar. La carrera por la gubernatura de Sinaloa está en marcha, y la política local se prepara para un nuevo capítulo, donde los intereses, alianzas y estrategias jugarán un papel crucial en el destino del estado. La pregunta que queda es: ¿quién logrará salir victorioso en esta lucha por el poder?