Hoy, Culiacán alzó la voz en un grito unánime que resonó por la arteria principal, la Obregón. “¡Con los niños no! ¡Queremos paz y fuera Rocha!” clamaban cientos de ciudadanos, quienes decidieron no quedarse callados ante la situación de violencia e inseguridad que ha golpeado a la ciudad. En un acto de desesperación y determinación, los culichis se plantaron en el ayuntamiento, exigiendo respuestas y soluciones a un gobierno que parece sordo ante el clamor del pueblo.
Con el fervor de quienes han perdido demasiado, los manifestantes marcharon hacia el palacio de gobierno. Ni los frágiles vidrios ni las puertas blindadas pudieron contener el coraje de una comunidad que ya no está dispuesta a tolerar más. La frustración acumulada por años de indiferencia y promesas incumplidas se desbordó en un mar de voces que exigían justicia y seguridad.
El detonante de esta protesta fue el reciente ataque a una familia en el que un padre y dos menores perdieron la vida. La explicación oficial, que intentó justificar la tragedia alegando que el polarizado de su vehículo era “oscuro”, fue percibida como una burla. “¡No mamen! ¡No digan estupideces!”, exclamaban los manifestantes con indignación. La falta de empatía y comprensión por parte de las autoridades ha llevado a muchos a sentir que sus vidas y sus tragedias son tratadas como meras estadísticas.
Para colmo, la visita de algunos diputados que llegaron a “respaldar” al gobernador solo sirvió para avivar aún más el fuego de la indignación. “¡Diputados pendejos!”, gritaban los presentes, denunciando su indiferencia ante el sufrimiento de la gente. La percepción de que estos políticos son vividores del sistema, desconectados de la realidad que enfrenta la ciudadanía, ha calado hondo en el sentir de la población.
Culiacán hoy no solo levantó la voz, sino que también levantó la cabeza. Un pueblo cansado de la violencia, la inseguridad y la falta de respuestas, que ha decidido que ya no puede esperar más. La lucha por la paz ha comenzado, y la resistencia de su gente es un claro mensaje: no se rendirán hasta que sus demandas sean escuchadas y atendidas. La fuerza de la comunidad es más poderosa que cualquier intento de silenciar sus gritos. Culiacán ha decidido que ha llegado el momento de exigir un cambio real y duradero.